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Coaching Corporal: entrevista con María de Marcos y Cecilia Jalfín

By: Maria | 25 Abr 2018

Coaching corporal: mi transformación personal y profesional a través del cuerpo.

 

Técnica Alexander y Coaching Ontológico.

 

Hoy quiero presentaros esta entrevista que mi compañera y master coach Cecilia Jalfin me hizo para su nuevo proyecto acerca de cómo diferentes profesionales utilizamos el cuerpo como herramienta para la transformación personal y profesional.

Aquí os la dejo. Me encantará leer abajo vuestros comentarios. Si eres coach, ¿cómo incorporas el cuerpo en tus sesiones de coaching? Si te dedicas al trabajo corporal, ¿qué herramientas utilizas para afianzar los aprendizajes? Como alumno/coachee/paciente ¿cual ha sido tu experiencia?

 

– Contame María, ¿qué te llevó a incursionar con la Técnica Alexander?

 

Mi cabeza. Preparando mi trabajo fin de Máster tuve un cortocircuito serio: a mitad de un artículo me di cuenta de que había dejado de comprender, leía las palabras pero no registraba el sentido. Duró varios días. Me vi conduciendo un coche potentísimo, de alta gama, y supe que si no aprendía a levantar el pie del acelerador poco a poco, podía salirme en la siguiente curva. Hice un compromiso conmigo misma: si lograba terminar, pararía para ver qué estaba pasando en mí. Lo hice. Hice un retiro de meditación Vipassana y empecé a hacer yoga regularmente, pero me volvía loca. La sensación era la tener un caballo desbocado por cabeza. Después empecé a trabajar en la gestión cultural, en el campo de la educación superior artística. Un trabajo que calzaba como un guante con mi formación. Era joven, viajaba, conocía gente muy interesante, trabajaba para una buena causa, aprendía pero empecé a sentir una presión y un abatimiento grandes. En aquellos días una amiga y profesora de Técnica Alexander se quedó un tiempo en mi casa. Al irse me dejo una nota y un teléfono: “fue mi primera profesora, llámala”. Y llamé. Sabía de la Técnica Alexander, me fascinaba conceptualmente pero me llevo un par de años llegar a ese punto. Llamé e hice mi primera cita. Cuando colgábamos el teléfono, Fiona me dijo: “no me has preguntado cuanto cuesta la sesión”. “Me da lo mismo”, respondí. Y era cierto. Sabía que era lo mío y que me hacía falta. Después de algunas clases ella sugirió casualmente la formación como profesora. Es una formación exigente, en tiempo y recursos, pero fue una segunda certeza: la voy a hacer para mí y porque me hace falta. Me preocupaba no tener la pasión por enseñar. Nunca volví a planteármelo.

 

– ¿Qué beneficios obtuviste de ella? 

 

La Técnica Alexander es una disciplina en la que se aprende a poner foco y dirección mental. Para mí fue un auténtico alivio ver que mi caballo se calmaba cuando se enfocaba en mi cuerpo. La segunda cosa que recuperé fue la curiosidad práctica, no intelectual. Descubrí que tenía una pierna, donde comenzaba, donde se movía:  ¡Aún recuerdo aquella clase! Salí flipada y se lo conté a todo el que quiso escucharme. Esa curiosidad aún perdura, al cabo de 15 años y eso no es algo fácil en mi, que tengo múltiples intereses. La tercera cosa que sentí fue la alegría. Salí de clase, cogí la bici – ya te he dicho que vivía en Holanda- y no pedaleaba, volaba! ¡Todo era mucho más fácil! Ir totalmente erguida, subir puentes, recorrer canales… Y no querer parar. Me pareció tremendamente divertido. Y esto para mí, que ya de niña me sentía extraña y exiliada de mi cuerpo –casi exiliada en mi cuerpo, te diría-… Eso fue lo mejor. Me devolvió un mundo de sensaciones, de percepciones, de fascinación y al tiempo una claridad, una estructura y una herramienta mental que podía poner en práctica en la bici, en la oficina o en medio de una discusión acalorada. Me proporcionó unas capacidades para la vida que no estaban ni desarrolladas ni nombradas: presencia, escucha, observación, auto-control, dirección y confianza. Saber esperar. Saber esperar a que el momento se desvele y subirme a la ola. Es un trabajo bellísimo. Estoy muy agradecida…

Contestándote, creo que la Técnica Alexander me dio una manera de ser y estar en la vida muy práctica y muy espiritual, ambas cosas a la vez.

Veo que estudiaste Coaching Ontológico algunos años después de haberte formado con la Técnica Alexander, ¿qué te llevó a ello?

 

Me llevó una alumna. Durante las clases, ella tenía sensaciones físicas muy vivas que la lanzaban a memorias de su familia y de su infancia. Una y otra vez. Yo daba espacio, escuchaba y acogía mientras ella hablaba. En sí mismo, eso la aliviaba. Pero la Técnica Alexander es un proceso de aprendizaje y el aprendizaje se ralentizó hasta casi detenerse. Yo la referí a otro profesional y la expliqué mis motivos. Me sentía humanamente capaz y profesionalmente limitada. Al cabo de unos meses regresó. “He probado. He visto lo que es. Te entiendo. Entiendo que esto es un aprendizaje. Y con quien yo quiero trabajar es contigo”. Su suavidad, su determinación, y, te diría, su confianza en mí –que parecía mayor que la mía en mi misma-, me hicieron cuestionarme: “quizás sea yo la que tenga que buscar recursos”. Esta situación se me había dado antes. Y esta vez, di un paso al frente. La psicología siempre me ha interesado. En este caso opté por el coaching después de tener una conversación con una coach MCC que además es psicóloga y que me pidió una clase de Técnica Alexander para comprender donde estaba y qué necesitaba. Sus cualidades humanas son tremendas. Y a mí, si algo me convence, son las personas. Miriam Ortiz de Zárate sólo me dejó certezas.

 

– ¿Cómo mezclas las técnicas en tus conversaciones de coaching?

De entrada te diré que yo buscaba herramientas para mis clases de Técnica Alexander y un marco más amplio para encuadrar lo que se creaba en mis sesiones. Soy una persona muy purista y me gusta respetar los principios de cada disciplina; también me hace sentir segura. Al mismo tiempo soy muy creativa: me gusta responder a lo que emerge en una situación y la ortodoxia me bloqueaba. Desde el principio he agradecido haberme formado con tanta ortodoxia en ambas disciplinas. Me permite alejarme y volver, sabiendo en cada momento donde estoy. Eso ha sido importante para mí.

 

Por lo demás, la mezcla, como tu la llamas, se ha dado de un modo natural. Se han mezclado en mí y por tanto se han mezclado en lo que hago y sobre todo en cómo lo hago. Creo que al actuar desde mí lo que resulta no es un añadido sino algo coherente, auténtico y, lo que para mí es importante, honesto.

 

Yo creo que al final mi trabajo no va de técnicas, sino de encuentros. Es en el encuentro entre dos personas donde se da la escucha, el re-conocimiento, el aprendizaje, el cambio. Yo recuerdo a cada una de las personas que han dado clase conmigo. Y son muchas. Me impresiona como a veces, al cabo de 10 años, nos encontramos de nuevo, pongo una mano en su espalda y me escucho diciendo algo como: “Te acuerdas aquella clase en la que hablamos de…”. Y se acuerdan. Hay una memoria en el cuerpo inmediata, honesta, de la que no puedo dudar.

 

Si quiero, puedo separarlos dentro de una sesión. A veces es necesario, para la claridad del alumno o del cliente. Entonces, lo verbalizo. Pero cada vez pasa menos. Cada vez prima más el encuentro.

 

También tengo la fortuna de que la Técnica Alexander y el Coaching Ontológico son disciplinas que casan muy bien. Al menos, como yo las he aprendido y como yo las practico. Las metacompetencias son importantes para mí: la presencia; la escucha; el silencio; el no hacer; el viaje hacia el ser; la dirección; la confianza. Mis sesiones de Técnica Alexander mejoraron mucho con la estructura y las distinciones del coaching. También con la palabra y la claridad que me aportó el uso del lenguaje como herramienta creadora. Esto fue especialmente útil para verbalizar aprendizajes. Mis sesiones de Coaching Ontológico comienzan y trascurren desde la escucha y esa escucha tiene lugar en el cuerpo; los aprendizajes se sienten en el cuerpo; los planes de acción incluyen al cuerpo. En mi experiencia, el acceso a uno mismo, a lo que uno tiene en ese momento, se revela con tal claridad que la mente se “rinde”, al menos por un rato… Y ahí aparece un espacio muy transformador.

Hay una cita de Maya Angelou a la que vuelvo a menudo: “La gente olvidará lo que dijiste. También olvidará lo que hiciste. Pero jamás olvidará lo que les hiciste sentir”.

La Técnica Alexander y el Coaching son ambas disciplinas de aprendizaje. Ahora se están uniendo a mi “vida anterior”: mi formación como profesora de piano, como historiadora del arte, como gestora, como doula (en eterna formación)… Y muy pronto verán la luz en un proyecto mayor y muy cercano a mi corazón.

 

– Uno de tus principales clientes son empresas, ¿qué beneficios puntuales obtienen los empleas de una corporación con las pausas que lideras con el método Alexander?

 

En sus propias palabras. Beneficio primero: consciencia, no ir por la vida como un zombi, sin enterarme de nada. Segundo: conocer, cuidar y disfrutar mi cuerpo. Tercero: estar tranquilo, centrado, enfocado. Pensar mejor. Cuarto: comprender mejor las emociones y gestionar mejor el estrés. Quinto: dejar de reaccionar y empezar a actuar, a vivir. Les sorprende “que esto funciona”. “Me fui a correr al parque e intenté aplicar lo que aprendí contigo: ¡y funciona!”. “Estaba en medio de una discusión con mi jefe y me acordé de lo que hacemos en clase. Me dije: Ana, para y expande. Me fui afuera hasta que me calmé, entré y dije lo que tenía que decir, tranquila y claramente”.

 

– Un gusto, María, puedes contarnos cómo hacer para contactarnos con vos… 

 

Yo vivo en España y trabajo en todo el mundo. Los encuentros online cada vez me gustan más. Si vives cerca de Madrid es estupendo tener una sesión presencial. Ambas cosas funcionan muy bien. Actualmente estoy a punto de sacar un proyecto muy cercano a mi corazón: Coaching for Creative People. Para todos aquellos a los que les resuene esta entrevista, piensen que la creatividad es una actitud y tengan ganas de dejar el mundo un poquito mejor de lo que lo encontraron. A todos ellos en particular ¡los animo!

Únete a la comunidad de Técnica Alexander.

Que mi trabajo inspire tus pasos.

 



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